Educación: la diversidad constitutiva de la sociedad

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Me acuerdo de un texto del que celebramos el décimo aniversario. Se trata del Informe 2004 sobre el desarrollo humano del PNUD consagrado a las libertades culturales. Este texto  inaugura un nuevo modo de ver los derechos humanos concebidos como instrumentos para permitirnos una “mayor libertad”. Esta es la expresión que servía de título al documento de K. Annan que lanzó la reforma del sistema de protección de derechos humanos.

El informe 2004 sobre el desarrollo humano es un texto  de gran interés y sin embargo poco divulgado. No ha perdido actualidad. Parte de la idea que la diversidad es garantía de los derechos humanos y arremete contra los mitos que justifican las miradas sospechosas con que la mayoría de los Estados observan a la diversidad. El PNUD considera imprescindible la revalorización del pluralismo y de la diversidad. La diversidad, afirma el informe, es riqueza y fuente de posibilidades para los individuos y las sociedades.

Y es verdad que tímidamente, la mirada hacia la diversidad cambia actualmente. De amenaza se vuelve riqueza cuando se reflexiona sobre el hecho que la diversidad es constitutiva de toda sociedad y de la naturaleza en general.

Los sistemas educativos actuales están muy lejos de estas ideas. Es verdad. Y es igualmente posible que la ceguera hacia la identidad cultural en la educación haya producido enormes desafueros. Esta ausencia es debida a la concepción misma de la educación a la escala del Estado-nación: la educación está intimamente ligada al proceso de constitución del Estado moderno y refleja sus crisis y desvaríos. Así afirma Della Fratre que »se puede legitimamente pensar que la ineficacia de los esfuerzos producidos hasta ahora y la radical insuficiencia de los resultados obtenidos en orden a la educación del hombre a sus resposabilidades (ahora « mundiales ») y a su presencia en lo social deban atribuirse a una concepción errónea de la sociedad o mejor del eje persona-sociedad-Estado ».

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2014: no a la rutina

EUROPA 2020

Comienza un nuevo año: 2014, aniversario de la Primera Guerra mundial. Se ha dicho que esta guerra fue provocada por la dificultad para mantener la cohesión social en el Imperio austro-húngaro. En 2014, cien años despues, todos seguimos preocupados por la cohesión social que parece, es endeble en nuestras sociedades. Y la tentación primera es culpar a la diversidad cultural: las migraciones y la globalización, las religiones y las minorías, según se sea de derechas o de izquierdas. Pero en realidad las ideas simples son siempre falsas, porque ocultan una parte de la realidad. El pluralismo y la diversidad son como la respiración que permite a nuestras sociedades expulsar el CO2 de la rutina, del conformismo y del etnocentrismo.

La diversidad y el pluralismo son tambien indispensables en educación. Contrariamente a lo politicamente correcto la pluralidad y la autonomía de los centros de enseñanza no tienen porqué engendrar divisiones sociales, ni llevar al desmantelamiento social que temen los defensores del monopolio de Estado. Es menester afirmarlo con fuerza: la cohesión social no surge por magia de la mezcla y la nivelación sino que halla su fuente en el reconocimiento de las diferencias y sus complementariedades. Para convencerse de ello, basta comprobar que la exclusión social resulta, casi siempre, de un déficit de formación o del fracaso escolar. Promover una pedagogía del éxito, un éxito entendido como desarrollo de los talentos de cada uno, constituye el arma más eficaz para luchar contra la pérdida de la cohesión social.
En realidad sólo la diversidad garantiza eficazmente los derechos de la persona: « el respeto y el desarrollo de la diversidad de las personas, de los actores y de los valores son el fundamento clásico de las libertades en todos los campos de la sociedad. Por la función específica del campo cultural que puede definirse como una circulación de saberes. La diversidad cultural es el primer componente de todo desarrollo humano. Garantiza y agranda las posibilidades de elección, las capacidades de las que cada uno dispone, individualmente o en común con otros » (P. Meyer-Bisch).