El derecho al sentido (de la vida)

Imagen

Las reflexiones sobre la calidad de la educación me parecen en gran medida surrealistas. Porque tenemos que bajar a la tierra, a nuestra tierra, a lo que verdaderamente nos importa. Y lo que nos importa es simplemente saber el sentido que tiene nuestra existencia. El día en que no haya pobres en el planeta, en el que haya justicia social, democracia y respeto de los derechos humanos, la cuestión esencial seguirá siendo la misma: qué sentido tiene mi vida o como decía Kant: que debemos esperar.

Camus era más brutal, la cuestión esencial es el suicidio. Si la vida merece ser vivida o no. La escuela está ahí para dar respuesta a estos interrogantes, y si no lo hace su función es insignificante. Es dinero gastado inútilmente. La calidad de la educación se mide por la capacidad de dar esta respuesta al sentido de la vida.

Cuando J. Delors presentó su informe sobre la educación en el siglo XXI solía repetir que lo importante es un cabeza “bien faite”, que podríamos traducir por bien ordenada. Porque hay que ordenar la masa de informaciones que recibimos desde la primera infancia. Ordenarlas y encontrar criterios para discernir lo  que construye un sentido a nuestra existencia. Esta es la función principal de la educación porque todos tenemos derecho a vivir una vida con sentido. Si las instituciones que deberían ocuparse se encogen de hombros, estamos cometiendo un crimen: privar a la gente de su humanidad.

Anuncios