¿Que se cuece en la UE relativo a la educación?

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Ya llevamos un año des del comienzo de la octava legislatura en el Parlamento Europeo y nuevos desafíos aparecen para el proyecto europeo. Sin poder afirmar que hemos superado la crisis económica sí podemos decir que el peor momento ya ha pasado; el terremoto griego está temporalmente apaciguado y España empieza a crecer mientras su paro baja. Por otro lado, las crisis migratorias y los atentados parisinos y, en menor medida, las crecientes tensiones de tipo identitario a nivel europeo y nacional han supuesto un nuevo terremoto en el corazón de Europa.

Más allá de decisiones de tipo reactivo y de efecto inmediato la situación requiere un debate a nivel comunitario que no se limite a lo inmediato, sino con implicaciones a largo plazo y con un papel clave por parte de la educación.

¿Cómo se enmarca la educación en el complejo sistema competencial de la Unión? A menudo se aduce que la educación no tiene cabida en las políticas comunitarias, puesto que esto atentaría al principio de subsidiariedad en el que se basa la Unión. La verdad es que en términos generales es relativamente cierto. No obstante, el artículo 165 del Tratado de funcionamiento de la Unión Europea (TFUE) reconoce mínimas pero importantes prerrogativas.  Las competencias de la Unión en este campo se reducen a la contribución, fomento, promoción, desarrollo… lejos del típico el estado garantizará propio de las constituciones nacionales. El papel que el TFUE le otorga a la Unión es en primer lugar el desarrollo de una educación de calidad fomentando la cooperación entre estados apoyando a éstos en sus obligaciones teniendo en consideración la diversidad cultural y lingüística.

A día de hoy Europa se encuentra en la mitad del Marco Estratégico: Educación y Formación 2020. Este documento, sin olvidar que los primeros responsables de los sistemas educativos son los propios estados, marca la función de la Unión Europea en los campos educativos y formativos. Según el Marco Estratégico el objetivo de la UE es apoyar la labor nacional y ayudar a afrontar los problemas comunes. En este sentido la UE tiene que ser el foro de intercambio de buenas prácticas y recopilación y divulgación de información. Los países de la UE han marcado en este sentido 4 objetivos:

  1. Hacer que el aprendizaje permanente y la movilidad sean una realidad
  2. Mejorar la calidad y eficacia de la educación y la formación
  3. Fomentar la igualdad, la cohesión social y la ciudadanía activa
  4. Potenciar la creatividad y la innovación, incluido el emprendimiento.

A pesar de la vigencia de dichas propuestas está claro que se enmarcan primeramente en una tónica donde la prioridad número uno era y es salir de la crisis. A modo de ejemplo citar la Comunicación de la Comisión al Parlamento Europea (COM/2012/0669 final), dónde sin obviar la misión de la educación de garantizar ciudadanía activa, el desarrollo personal y el bienestar, se focaliza en un enfoque educativo de instrumentalización en pro del crecimiento y la productividad.

Esta semana en los pasillos del Parlamento Europeo se intuía el comienzo de una nueva época con nuevas prioridades. La seguridad e integración van a ser los grandes temas europeos en los siguientes dos años, como mínimo. Y eso a nivel educativo se traduce en identidad, pluralismo y cohesión social. Tal y como citaba igualmente la prensa belga y mencionaban los eurodiputados el gran agujero negro de este drama es el por qué un régimen decimonónico como DAESH con una filosofía tan inhumana, dictatorial y machista seduce a jóvenes europeos; y que rol debe y puede jugar la educación para seducirlos de nuevo en el seno de las sociedades democráticas.

Estamos ante un problema global y el papel de la UE se tercia como clave. Algunos objetivos del Marco Estratégico: Educación y Formación 2020 son completamente vigentes para afrontarlos pero necesitan una revisión y un nuevo enfoque. El porqué de este nuevo enfoque es la insuficiencia, por no decir fracaso, de las políticas de cohesión social y ciudadanía activa en nuestras sociedades plurales. El objetivo es una educación que termine con la cosificación del estudiante y que enseñe la compatibilidad de los valores de los países y los derechos humanos considerando las distintas minorías lingüísticas, culturales y religiosas. El camino no es la asimilación, sino un enfoque pluralista de participación activa. Se me hace difícil pensar como es tal objetivo tangible sin la participación de la sociedad civil y los padres, y sin un enfoque inclusivo en el sentido más amplio. El TFUE nos marca la importancia de la UE al considerar la libertad cultural en las políticas educativas, el Marco Estratégico 2020 nos señala los mecanismos a usar. Entonces, conocemos el problema, sabemos qué hay que hacer. ¿Reaccionaremos?

 

Ignasi Grau

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