Visita de los alumnos de Bell-lloc del Pla

Ayer por segundo año consecutivo organizamos una visita a un grupo de alumnos del Bachillerato Internacional del colegio Bell-lloc del Pla (Girona) al Palacio de Naciones Unidas y a la Ginebra de los Derechos Humanos. Los alumnos realizaron una visita a las diferentes estancias del Palacio de Naciones Unidas y pudieron seguir la reunión del Comité Consultivo del Consejo de Derechos Humanos de Naciones Unidas. Tras esta reunión los alumnos tuvieron la ocasión de participar en una sesión de preguntas y respuestas con Ignasi Grau (representante de OIDEL en Naciones Unidas y exalumno de Bell-lloc).

Por la tarde Alfred Fernández (Director General de OIDEL) realizó una sesión de trabajo sobre las condiciones y la importancia del diálogo. La sesión se basó en unos textos de Max Scheler y en los problemas actuales de Naciones Unidas. Tras la sesión los alumnos, aprovechando el buen tiempo, dieron una vuelta por los alrededores de Ginebra pasando por edificios emblemáticos como el Palais Wilson o la OMC. En palabras de los estudiantes, esta salida cultural sirvió para que los alumnos pudieran darse cuenta del impacto de las Naciones Unidas en el día a día de muchos ciudadanos.

 

Aprendiendo a ser cívicos

La paradoja del mundo en que vivimos es que estamos en un mundo cada vez más heterogéneo, pero cada vez más conectado. Ya nadie se extraña que dentro de un aula haya apellidos de distinta procedencia, distintos orígenes religiosos o distintas razas. Igualmente, la globalización es nuestro pan de cada día, compramos productos de todas partes del mundo, nos solidarizamos con causas del otro extremo del mundo y hacemos nuestras vacaciones en los sitios más exóticos. Nada que no hayamos oído antes. Esta situación supone la exposición a gran escala a otras formas de ver el mundo, provocando una reflexión a gran escala sobre nuestras creencias y valores.

Como ya sabemos estos cambios no están exentos de tensiones. El gran desafío es aprender a vivir juntos en una sociedad cada vez más diversa. Consciente del desafío la comunidad internacional proclamó a través de resolución de la Asamblea de las Naciones Unidas un Decenio Internacional de Acercamiento de Culturas con el objetivo de reforzar el diálogo intercultural e interreligioso y la promoción del entendimiento y la cooperación al servicio de la paz.

Una educación completa y de calidad no puede obviar esta problemática. El artículo 26.2 de la Declaración de Derechos Humanos advierte que “la educación (…) favorecerá la comprensión, la tolerancia y la amistad entre todas las naciones y todos los grupos étnicos o religiosos,(…)”.  Juegan un papel esencial en este sentido la educación en derechos humanos y la educación a la ciudadanía.

Querríamos recomendar desde OIDEL el manual Aprendiendo a ser cívicos realizado por el Parlamento de Navarra y la Universidad de Navarra. Este pequeño manual es una buena herramienta para educar en virtudes sociales. Las virtudes sociales son aquellas que aseguran el bien común: la cordialidad, la generosidad, la gratitud, la justicia, la participación, el respeto, la responsabilidad y la solidaridad. Este manual está pensado para aquellos que les preocupa y les ocupa la educación de los ciudadanos del futuro, incluyendo tanto padre como profesores. El libro se puede descargar de internet. Se ha creado una plataforma para acompañar a la formación de los docentes con videos.

El libro advierte “aprender a ser un buen  ciudadano es una tarea de toda la vida y un saber práctico que implica no solo la inteligencia para conocer cuáles son les rasgos que mejoran nuestra vida en sociedad, sino también la voluntad para ponerlos en práctica”.

Para saber más http://www.unav.edu/web/parlamento-civico

Ignasi Grau

Le sens du coup de pioche

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Priver quelqu’un d’éducation signifie  le nier dans ce qu’il a de plus intime: son humanité, plus intime encore que la vie biologique. Cette dernière en effet n’est qu’un support, indispensable il est vrai, pour une vie authentiquement humaine. La vie biologique, tout en étant un bien précieux, peut être mise au service d’une idée jugée plus précieuse encore. Elle peut être sacrifiée à cette idée alors que mon identité culturelle ne peut, quant à elle, être au mise au service de rien, puisqu’elle est l’absolu que je suis, la raison qui me fait homme. Juvenal, le poète romain, a exprimé cela avec force: “Considère comme le plus grand des crimes de préférer sa propre vie à l’honneur, et pour l’amour de la vie physique, de perdre ses raisons de vivre” (Satires, VIII, 83-84).

Les raisons de vivre, voilà le cœur de l’éducation, le lieu originaire du sens, ce qui, au centre de toute culture, constitue le fondement de la quête humaine. Toute culture n’est, au fond, qu’une quête de sens, réalité sans laquelle la quête du bien-être matériel ou d’un standard de vie perdrait jusqu’à sa raison d’être. C’est là toute la différence entre avoir et être pour m’exprimer dans les termes consacrés par le philosophe français Gabriel Marcel.

“On a cru que, pour nous grandir, il suffisait de nous vêtir, de nous nourrir, de répondre à tous nos besoins disait Saint-Exupéry, [ mais en réalité ] nous voulons être délivrés. Celui qui donne un coup de pioche veut connaître un sens à son coup de pioche. Et le coup de pioche du bagnard n’est point le même que le coup de pioche du prospecteur qui grandit celui qui le donne” (Un sens à la vie, Gallimard, Paris, 1956, p. 177).

Alfred Fernandez