La humillación está en la raíz de muchas guerras

10-11-16 Hearing Mayor Oreja20“La humillación está en la raíz de muchas guerras”. El histórico director de OIDEL, Alfred Fernandez repitió esta frase en varias de sus formaciones y conferencias. Aunque la intuición de esta afirmación de Alfred tenía tintes sugerentes e intuía un hecho muy real, la escucha no reflexionada de esta afirmación llevaba a veces a la conclusión de que era una exageración.

Alfred como lector de Ricoeur tenía en mente la importancia que tenía la narrativa en la constitución de memorias colectivas y en la definición, cuando no categorización de sujetos, en un contexto social (RICOEUR, 1999). En este sentido es interesante observar como estudios sobre la violencia en entornos sociales como la escuela suelen considerar tipos que van más allá de actos puramente físicos; ya que más allá de la violencia con sangre también existe la violencia psicológica o verbal. Autores como Welzer Lang, por ejemplo, al estudiar la violencia en el hogar no se limitan solo a la violencia física, sino que incluye la violencia psicológica – que incluye la humillación, el insulto, el ninguneo o la falta acusación-, la violencia verbal – que incluye el apodo, la ridiculización o la caricatura- y la violencia sexuada (WELZER-LANG, 2007). Tanto la violencia psicológica y verbal a través de la humillación o la burla afectan directamente la identidad ¿Y qué es la identidad? No debemos ningunear la identidad, “la identidad es el rostro de cada persona, que sola o en común se reconoce y se ofrece en el encuentro con el otro. Sin el reconocimiento de este rostro se pierden todas las libertades” (MEYER-BISCH, 1998). La burla, la caricatura, el ninguneo definen, y desfiguran, este rostro sin la posibilidad de que el rostro definido tenga la posibilidad de replicar esta categorización. Detrás de unas risas y el jolgorio el rostro de un sujeto o una comunidad se deforma, y se pude deformar hasta el punto, que en el encuentro con el otro lo que ve uno no es lo mismo que el sujeto ridiculizado. La burla no permite la réplica a la categorización presentada puesto que no pretende ser un diálogo abierto en búsqueda de la verdad, es un formato en el que la idea trasmitida se esconde y protege detrás de una masa de risas. Como me dijo una vez mi madre, “hubo más risas, pero menos sonrisas”. Es fácil observar que el fruto de la violencia en forma de burla, caricatura o el apodo pueden llevar al ninguneo y la deformación de la identidad de la persona burlada viniendo a continuación el insulto, la falsa acusación, y porque no la violencia física. Este patrón que tristemente lo observamos en las aulas bajo el paraguas del bullying conducen inexorablemente a la humillación y frustración de la persona ultrajada.

Este tribalismo lo hemos visto igualmente entre adultos: la humillación de Versalles, la Nakba, son dos ejemplos de una larga lista. No podemos desdeñar la humillación de una comunidad. La humillación de una comunidad, para el ciudadano de pie incluye el ultraje a su familia y con ello a una madre o a un hijo, tocando directamente las tripas y los instintos y, razonable o no, no es de extrañar la reacción de jabalí herido. Es muy complicado lidiar con la humillación, y cuando el ser humano no tiene vías institucionales de diálogo para ser escuchado la violencia es el último altavoz. Por ejemplo, mucha literatura francesa interpretó la violencia de los banlieus parisinos como la única forma de los jóvenes marginados de la sociedad de hacer oír su voz ante el Elíseo en 2005. Un día anoté la siguiente frase de Sartre “Desconfío de la incomunicabilidad; es la fuente de toda violencia” y creo que con el existencialista francés ya puedo dar por explicada la frase de Alfred.

Ignasi Grau
Bibliografía
MEYER-BISCH, P. (1998). Journée de débat Général – Droit à l’éducation. Logiques du droit à l’éducation au sein des droits culturels (pág. 2). Genève: Comité des droits économiques, sociaux et culturels.
RICOEUR, P. (1999). Historía y narratividad. Barcelona: Paidós.
WELZER-LANG, D. (2007). La violencia doméstica a través de 60 preguntas y 59 respuestas. Alianza Editorial.

 

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