Lecciones del COVID para nuestro sistema educativo

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A menudo, a raíz de ataques terroristas y otras tragedias vemos llamadas de colectivos de profesores exigiendo espacios para hablar de estos temas en el aula. No me parece mala idea.  Hannah Arendt, partiendo de que el niño es un extraño en el mundo, entendía la educación como un proceso que debe prepararle para convertirse en un adulto consciente de los problemas de nuestro mundo y actuar críticamente. En relación con el COVID-19, no he oído tanto estos reclamos, probablemente debido a la urgencia en el campo educativo de asegurarnos que la maquinaria educativa no pare.

A estas alturas ya hay varias lecciones que podemos extraer de esta crisis. Me concentro en tres lecciones poderosas y peligrosas. En primer lugar hemos visto gobiernos de todo el mundo que tras semanas advirtiendo que el COVID-19 no conllevaba más riesgo que una gripe común han sido contradichos por la brutalidad del virus. La lección de que el gobierno y la opinión pública pueden equivocarse, incluso en democracia, es una lección dura, pero imprescindible para pensar el mundo actual de forma adulta.

La segunda lección es que durante años hemos diseñado sistemas educativos bajo el paradigma que el mundo que tenemos enfrente está bajo el control humano, y que la ciencia nos conducía inexorablemente a un futuro no lejano de la casi inmortalidad del ser humano. Esta crisis causada por una pequeña molécula nos muestra la fragilidad del ser humano y que el futuro de la humanidad como conjunto, también en el siglo XXI, aunque prometedor es delicado.

La tercera lección es la importancia de la acción común y coordinada del ser humano para superar las grandes crisis. Junto con la acción común, hay certezas comunes y soluciones que no implican una lucha de opuestos. La tensión entre el colectivismo y el individualismo nos han hecho olvidar los últimos años el bien común, pero como decía Isaiah Berlin, todos los seres humanos deben tener algunos valores en común, ya que si no no serían humanos, y deben tener también valores diferentes, ya que si no, no serían distintos.

Junto con las tres lecciones nos damos cuenta de la necesidad de dar herramientas que este futuro a lo mejor más distópico sea pensado en criterios humanistas y que permitan un desarrollo completo del ser humano ¿Que herramientas podemos dar a nuestros jóvenes para una mayor comprensión de esta fragilidad? ¿Cómo educar a una generación que se comprometan en lo común con un discurso que supere un voluntarismo o el maquillaje auto-motivacional? El sistema educativo debe preparar a los alumnos para ser adultos y no simples buenos empleados. Un sistema educativo coherente con las lecciones aprendidas debe considerar tres puntos. En primer lugar, la construcción bajo un paradigma más participativo de las políticas educativas, superando la visión vertical estado-niño. En segundo lugar, permitir a las entidades educativas que las herramientas de sentido que les dan a sus alumnos sean coherentes con los valores de su comunidad. Y finalmente preparar a los alumnos bajo el paradigma de ¿Qué problema vas a solucionar tú? y no, ¿De qué vas a trabajar tú?

A nivel educativo el COVID no puede limitarse a ser simplemente una nueva página de los libros de historia del futuro, sino sobre todo una oportunidad para que efectivamente los alumnos del siglo XXI aprendan a ser adultos del siglo XXI.

Ignasi Grau

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