Farida Shaheed nombrada Relatora Especial sobre el derecho a la educación de la ONU

Al término de su 50ª sesión, el pasado viernes 8 de julio de 2022, el Consejo de Derechos Humanos nombró una nueva Relatora Especial sobre el derecho a la educación, la Sra. Farida Shaheed, sucediendo así a la Sra. Koumbou Boly Barry, en el cargo desde 2016. Como nueva titular del mandato (por una duración máxima de 6 años), Farida Shaheed deberá formular recomendaciones a los gobiernos y otras partes interesadas, con el objetivo de ayudar a una plena realización del derecho de todas las personas, sin discriminación, a acceder a una educación de calidad.

A modo de recordatorio: los relatores especiales del Consejo de Derechos Humanos no son empleados de las Naciones Unidas ni están, por tanto, remunerados.

Fue nombrada tras un proceso de selección que incluye varios pasos. En primer lugar, presentó una solicitud por escrito, examinada por un Grupo Consultivo de 5 representantes de alto nivel, nombrados por cada uno de los 5 grupos regionales, que actúan también a título personal. Este Grupo Consultivo la recomendó al Presidente del Consejo de Derechos
Humanos (actualmente, Federico Villegas) como posible candidata al mandato. Posteriormente, el Presidente del Consejo de Derechos Humanos la ratificó como candidata idónea y, finalmente, el Consejo de Derechos Humanos aprobó su nombramiento.

Nacida en 1953 en Pakistán, Farida Shaheed es licenciada y tiene un máster en sociología por las Universidades de Ginebra (1974) y de Leeds (1975) respectivamente. Desde 1985 trabaja como Directora Ejecutiva del Centro de Recursos para la Mujer Shirkat Gah, una de las organizaciones de derechos de la mujer más destacadas de Pakistán.


Altamente comprometida con la consecución de la igualdad de género, piensa seguir haciendo de ello una prioridad como nueva Relatora Especial sobre el derecho a la educación.

No es esta la primera participación de Farida Shaheed en el sistema de derechos humanos de la ONU. De hecho, ya fue nombrada Relatora Especial en el ámbito de los derechos culturales en 2009, permaneciendo en el cargo hasta 2015. Durante su mandato publicó un informe sobre la escritura y la enseñanza de la historia (2013), demostrando un especial interés y nivel de experiencia en el derecho de los niños a la educación.

Posteriormente participó en la publicación de Freedom Security Privacy – The Future of Childhood on the Digital World (2020), mostrando una relevante preocupación por cómo el
mundo digital está afectando a la vida de los niños. Está decidida a promover los derechos de los grupos marginados, como las minorías religiosas y étnicas, en relación con la educación, para lograr sociedades más democráticas e inclusivas.

OIDEL está deseando participar en su trabajo como nueva Relatora Especial sobre el derecho a la educación.

Farida Shaheed nommée Rapporteuse spéciale sur le droit à l’éducation auprès du Conseil des Droits de l’Homme

À l’issue de sa 50ème session ce vendredi 8 juillet 2022, le Conseil des droits de l’Homme a nommé une nouvelle Rapporteuse spéciale sur le droit à l’éducation : Madame Farida Shaheed. Elle succède à Madame Koumbou Boly Barry, en fonction depuis 2016. Madame Farida Shaheed est chargée d’émettre des recommandations aux gouvernements et autres parties prenantes, afin de garantir l’accès à une éducation de qualité pour tous sans discrimination.

Pour rappel, les Rapporteurs spéciaux auprès du Conseil des droits de l’Homme ne sont pas employés par les Nations Unies et sont de fait non-rémunérés. Madame Farida Shaheed travaillera donc en tant qu’experte indépendante bénévole. Elle a été nommée à l’issue d’un processus de sélection impliquant plusieurs étapes. Elle a d’abord soumis un formulaire en ligne, examiné par un groupe consultatif composé de 5 représentants des 5 groupes régionaux.  Le groupe consultatif l’a ensuite recommandée comme candidate potentielle pour le mandat auprès du Président du Conseil des droits de l’Homme Monsieur Federico Villegas. Enfin, Monsieur Federico Villegas a convenu que Madame Farida Shaheed était à même d’assurer ce mandat et le Conseil des droits de l’Homme a finalement approuvé sa désignation.

Née en 1953 à Karachi (Pakistan), Madame Farida Shaheed est titulaire d’un Master en sociologie de l’Université de Leeds. Depuis 1985, elle est directrice exécutive du Centre de ressources pour femmes Shirkat Gah, la plus importante organisation pakistanaise œuvrant pour les droits des femmes. Ainsi, elle est engagée depuis de nombreuses années en faveur de la réalisation de l’égalité hommes/femmes et elle entend poursuivre cet objectif dans le contexte éducatif, en sa qualité de Rapporteuse spéciale sur le droit à l’éducation.

Madame Farida Shaheed a déjà été impliquée dans le système des droits de l’Homme des Nations Unies. En effet, le Conseil des droits de l’Homme l’a mandatée Rapporteuse spéciale dans le domaine des droits culturels en 2009, et elle est restée en fonction jusqu’à 2015. Au cours de cette période, elle a publié un rapport sur l’écriture et l’enseignement de l’histoire (2013), démontrant un intérêt particulier ainsi qu’un certain niveau d’expertise dans le droit à l’éducation des enfants.

Plus tard, Mademe Farida Shaheed a participé à la publication de l’ouvrage “Freedom Security Privacy – The Future of Childhool on the Digital World” (2020), se préoccupant spécialement de l’impact du monde digital sur la vie des enfants. D’autre part, elle est déterminée à promouvoir les droits des groupes marginalisés tels que les minorités ethniques et religieuses en relation avec l’éducation pour contribuer à des sociétés démocratiques plus inclusives. L’OIDEL se réjouit de collaborer avec la nouvelle Rapporteuse spéciale sur le droit à l’éducation.

Chloé Vermenouze

Farida Shaheed: New Special Rapporteur on the right to education appointed

Upon closing its 50th session this Friday (July 8th, 2022), the Human Rights Council appointed a new Special Rapporteur on the right to education: Farida Shaheed. She will be replacing Koumbou Boly Barry, former Special Rapporteur on the right to education, who had been in office since 2016. As the new mandate holder (for a maximum duration of 6 years), Farida Shaheed will have to provide recommendations to governments and other stakeholders, with the aim of guaranteeing the right of all persons to access quality education without discrimination.

As a reminder, Special Rapporteurs to the Human Rights Council are not United Nations staff members and do not receive a salary. Hence, Farida Shaheed will be serving in her personal capacity only. She was appointed through a selection process involving multiple stages. First, she submitted an online written application which was considered by a Consultative Group (composed of 5 high-level representatives serving also in their personal capacity and nominated by each of the 5 regional groups). This Consultative Group then recommended her as a potential candidate for this mandate to the President of the Human Rights Council (currently, Federico Villegas). Ultimately, the President of the Human Rights Council identified Farida Shaheed as a suitable candidate, and the Human Rights Council subsequently approved this appointment.

Farida Shaheed is a Pakistani sociologist born in 1953. She has a bachelor’s degree as well as a master’s degree in sociology, respectively from the University of Geneva (1974) and Leeds University (1975). She has been working since 1985 as Executive Director of Shirkat Gah Women’s Resource Centre, one of Pakistan’s most prominent women’s rights organizations. Therefore, she has long been engaged in achieving gender equality and plans on continuing to make that a priority, as the New Special Rapporteur on the right to education.

This is not Farida Shaheed’s first involvement with the UN human rights system. In fact, she was already appointed Special Rapporteur in the field of cultural rights in 2009, remaining in office until 2015. During that time, she published a report on history writing and teaching (2013), thus demonstrating a particular interest and level of expertise in children’s right to education.

Farida Shaheed later participated in the publication of Freedom Security Privacy – The Future of Childhood on the Digital World (2020), showing relevant concern with how the digital world is impacting children’s lives. Finally, she is determined to promote the rights of marginalized groups such as religious and ethnic minorities in relation to education to achieve more democratic inclusive societies. OIDEL is looking forward to engaging with her work as the new Special Rapporteur on the right to education.

Chloé Vermenouze

REIMAGINAR JUNTOS NUESTROS FUTUROS: UN NUEVO CONTRATO SOCIAL PARA LA EDUCACIÓN

Tras dos años de trabajo y una participación de más de un millón de personas –niños, jóvenes y adultos-, la Comisión Internacional creada por la UNESCO en 2019 y liderada por la presidenta de Etiopía, Sahle-Work Zewde, saca a la luz el nuevo informe mundial sobre los futuros de la educación: Reimaginar juntos nuestros futuros: Un nuevo contrato social para la educación. Con él trata de catalizar un debate mundial que pide una transformación sustancial de la educación, a fin de reparar injusticias pasadas y colaborar en pro de un futuro pacífico, justo y sostenible.

Invitándonos a reflexionar en torno a las preguntas ¿qué debemos seguir haciendo? ¿Qué deberíamos dejar de hacer? Y ¿qué deberíamos reinventar? propone, a través de millones de actos individuales y colectivos, cambiar juntos de rumbo y transformar el ámbito educativo de cara al 2050 en adelante.

La educación ha desempeñado durante mucho tiempo un papel fundamental en la transformación de las sociedades humanas. En el contexto actual, en el que el mundo atraviesa un momento crítico de graves amenazas para el futuro de la humanidad y del planeta, urge reinventar la educación para que nos ayude a afrontar los retos comunes. En este sentido, cabe interpretar la educación en términos de un contrato social, un acuerdo implícito entre los miembros de la sociedad para colaborar en pro del bien común: el punto de partida es una visión compartida de los fines públicos de la educación.

Si durante el siglo XX las políticas educativas estuvieron más bien orientadas a apoyar el sentido de pertenencia a una nación y los esfuerzos de desarrollo, el nuevo contrato social para la educación debe unirnos en torno a un empeño colectivo de superar los desafíos concretos a los que nos enfrentamos: profundas desigualdades; retroceso democrático; cambio climático; rápidas transformaciones no siempre orientadas a la equidad, la inclusión o la participación democrática; creación de trabajo decente centrado en el ser humano; entre otros. En este sentido, según el informe, hemos de replantearnos las formas de aprendizaje y el concepto de escuela, desde la arquitectura, los espacios y el uso del tiempo, a los calendarios, metodologías o planes de estudio.

El nuevo contrato social para la educación ha de garantizar el derecho a una educación de calidad a lo largo de toda la vida, abarcando el derecho a la información, a la cultura y a la ciencia, el derecho a acceder y contribuir al patrimonio común de conocimientos colectivos de la humanidad. Es necesario afianzar la educación como esfuerzo público y bien común. Las tradiciones culturales pueden servir de cimiento y contamos, además, con una gran capacidad de acción colectiva, inteligencia y creatividad.

Ante las propuestas concretas de organizar la pedagogía en torno a los principios de cooperación, colaboración y solidaridad, no de la realización individual; fomentar un aprendizaje ecológico, intercultural e interdisciplinario y conectar los lugares naturales, físicos y virtuales de aprendizaje, aprovechando al máximo las mejores características de cada uno de ellos, el nuevo contrato social para la educación hace  un llamamiento a todos: a la investigación y la innovación, a las universidades e instituciones de educación superior, a la solidaridad mundial y la cooperación internacional. Es mucho lo que está en juego.

Mayca San Andrés

Reimaginar Juntos Nuestros Futuros: Un nuevo contrato social para la educación

La UNESCO acaba de publicar titulado “Reimaginar Juntos Nuestros Futuros: Un nuevo contrato social para la educación”. Este informe se ha realizado por una Comisión liderada por la presidenta de Etiopía, Sahle-Work Zewde, que ha recogido más de un millón de contribuciones en su proceso de consulta global. En él, se aboga por una transformación mayoritaria del panorama educativo que ayude a reparar las injusticias históricas y mejore la colaboración por un futuro justo y sostenible. Con ello, la UNESCO espera iniciar una conversación global con el propósito de forjar un nuevo contrato social entre los miembros de las sociedades de todo el mundo. El informe de la ONU «Un nuevo contrato social para la educación» tiene como objetivo reconocer el progreso y los nuevos desafíos que conciernen a la educación en su proceso de dar forma a futuros pacíficos, justos y sostenibles.

La primera parte del documento muestra dónde estamos y de dónde venimos. En 1945, cuando al mundo lo poblaban 2400 millones de personas, el 45% de las mismas había asistido a la escuela. En 2020 la población mundial alcanzaba 8 mil millones, de las cuales el 90% pudo asistir a primaria, el 85% a secundaria básica y el 65% a formación secundaria superior. No obstante, y aunque los datos reflejan clara mejoría, el mundo parece estar en un punto de inflexión en el que la creciente desigualdad social y económica sumada al cambio climático, la pérdida de biodiversidad, el retroceso democrático, la automatización tecnológica disruptiva, la pobreza persistente, la violencia o el uso de los recursos naturales excediendo los límites planetarios señalan una actual coyuntura histórica negativa. Asimismo, la expansión de la educación es incompleta e inequitativa.

Exceder los límites planetarios en términos de producción, consumo y desperdicio de materiales son algunos de los problemas que contribuyen al cambio climático. Este provoca desplazamientos que dificultan el acceso a la educación. Asimismo, el cambio climático aumenta la desigualdad de género entre los más pobres. Por otro lado, las personas más educadas del mundo son las más contribuyentes a la degradación planetaria. Por ello, se necesita crear un enfoque renovado y efectivo que permite que los estudiantes desarrollen la capacidad de adaptación con el objetivo de mitigar el cambio climático. De igual modo, se debe trabajar por reducir la brecha digital, crucial en el acceso a la educación.

El retroceso democrático y la creciente polarización también deben abordarse. Las disrupciones del discurso cívico y las crecientes violaciones a la libertad de expresión tienen consecuencias importantes para la educación. Los factores incluyen desde el surgimiento de líderes populistas y el crecimiento del nacionalismo, hasta el poder de las redes sociales con su capacidad en tiempo real para difundir noticias intencionalmente engañosas, cuyos datos están manipulados, o son directamente falsas. El lado positivo es que hay una movilización ciudadana cada vez más activa que exige derechos democráticos y respeto por el estado de derecho, que debe ser reflejada en los futuros planes educativos.

Para abordar los problemas, el informe invita al mundo a convertir la educación en un contrato social basado en el bien común. Espera unificar en torno a problemas colectivos además de proporcionar el conocimiento y la innovación necesarios para brindar justicia social, económica y ambiental, ya que considera que las decisiones que se tomen hoy determinarán el futuro compartido. Entiende que la pedagogía debe basarse en la cooperación y la solidaridad, desarrollando las capacidades de estudiantes y profesores para trabajar en colaboración para transformar el mundo. Juntos, profesores y estudiantes deben formar una comunidad de buscadores y constructores de conocimiento. Una pedagogía basada en la solidaridad debe reconocer y corregir las exclusiones sistemáticas impuestas por el racismo, el sexismo, el colonialismo y los regímenes autoritarios en todo el mundo. Los principios básicos de interconexión e interdependencias; la cooperación y la colaboración se deben enseñar y practicar en todos los niveles y edades. La solidaridad, compasión, ética y empatía deben arraigarse en el proceso de aprendizaje. La evaluación debe ir en consonancia con estos principios de una manera significativa para el crecimiento y el aprendizaje de los estudiantes.

En este nuevo contrato social para la educación, los planes educativos deben surgir de la riqueza del conocimiento común y abarcar el aprendizaje ecológico, intercultural e interdisciplinario para que los estudiantes accedan y produzcan conocimiento mientras desarrollan su capacidad crítica. Los planes de estudio deben enseñar cómo estamos interconectados con un planeta vivo y dañado. Aprender a sentir empatía, cooperar, abordar los prejuicios y sortear los conflictos es valioso para todas las sociedades. El nuevo contrato social debería apuntar a ampliar la alfabetización y crear futuros plurilingües ya que la diversidad lingüística es una característica clave del conocimiento compartido de la humanidad. Además, se deben enriquecer las matemáticas, aprender de las humanidades, desarrollar la imaginación a través de la educación artística y cultivar la investigación y la comprensión científica mientras se aplican esas habilidades al mundo digital. Los planes de estudio deben fomentar la capacidad de discernimiento y la investigación de una verdad compleja. Por último, la educación debe fomentar los derechos humanos, la ciudadanía activa y la participación democrática. Los planes de estudio de este nuevo contrato social deberían, por lo tanto, mejorar las habilidades de los estudiantes para acceder a los conocimientos comunes y contribuir a ellos; reorientar el lugar de los seres humanos en el mundo hacia la solución de la crisis ecológica; contrarrestar la difusión de información errónea a través de alfabetizaciones científicas, digitales y humanísticas; y fomentar los derechos humanos y la participación democrática como pilares fundamentales del aprendizaje que transforma a las personas y al mundo.

Los docentes son un eje fundamental y su profesión debe revalorizarse y reinventarse a través de un esfuerzo colectivo para generar nuevos conocimientos y lograr una transformación educativa y social. La enseñanza exige compasión, competencia, conocimiento y determinación ética. Los talentos y habilidades individuales de los maestros deben reforzarse mediante la colaboración y el apoyo. No sería posible reinventar los planes de estudio sin la presencia de profesores en la toma de decisiones. Desgraciadamente, éstos siguen siendo poco reconocidos, subestimados, mal pagados e inadecuadamente apoyados. El desarrollo docente es un continuo rico y dinámico de aprendizaje y experiencias que duran toda la vida. El nuevo contrato social debe proveer la colaboración eficaz y el trabajo en equipo como características del trabajo de los docentes; la producción de conocimiento, reflexión e investigación como parte integral de la enseñanza; el apoyo a la autonomía y libertad de los docentes; y permitir la participación de los docentes en el debate público y el diálogo sobre el futuro de la educación.

Las escuelas deben considerarse lugares educativos protegidos debido a la inclusión, la equidad y el bienestar individual y colectivo que proporcionan, y deben reinventarse para promover mejor la transformación del mundo hacia un futuro justo, equitativo y sostenible. Las escuelas tienen un papel insustituible que implica ser componentes centrales de ecosistemas educativos más amplios. Fomentan las relaciones sociales, estimulan las interacciones humanas, los diálogos y el intercambio. Sin embargo, es necesario transformarlos para asegurar que no sirvan para afianzar las desigualdades o ampliar las disparidades, sino que sean plataformas para la cooperación, el cuidado y el desarrollo. Por estas razones, la UNESCO enfatiza la necesidad de proteger las escuelas como espacios donde los estudiantes encuentran desafíos y posibilidades que no están disponibles para ellos en otros lugares. Se debe rediseñar las escuelas basando sus valores en los derechos humanos y la capacidad colectiva de las sociedades para que sirvan como ejemplo de neutralidad de carbono y sostenibilidad.

El nuevo contrato social por la educación debe ampliar las oportunidades educativas que se desarrollan a lo largo de la vida y en los diferentes espacios culturales y sociales. Al hacerlo, los estados tienen la responsabilidad de garantizar que los sistemas educativos se financien de manera adecuada y equitativa. Las decisiones sobre tecnologías digitales deben tomarse en la esfera pública y guiarse por el bien común. La mejor estrategia para hacerlo es garantizar la democratización del espacio cibernético dentro de una sólida esfera pública. Además, la educación debe apoyar el derecho a participar en la vida cultural proporcionando acceso a los recursos culturales que dan forma a las identidades y amplían las cosmovisiones. Los objetivos por lograr incluyen oportunidades educativas de calidad en todo momento de la vida; ecosistemas educativos saludables que conecten sitios de aprendizaje naturales, construidos y virtuales; asegurar la capacidad del gobierno para el financiamiento público y la regulación de la educación; y ampliar el derecho a la educación para incluir aspectos como la información, la cultura y la ciencia.

Para catalizar un nuevo contrato social para la educación, la Comisión pide una agenda de investigación colaborativa a nivel mundial basada en el derecho a la educación a lo largo de la vida y que agradezca las contribuciones de asociaciones, educadores, instituciones y una diversidad de culturas. La investigación y la innovación deben fortalecer las capacidades de prospectiva futura y alfabetización. La Comisión pide una agenda de investigación colectiva mundial, sobre el futuro de la educación. El conocimiento, los datos y la evidencia que se produzca para el futuro de la educación deben incluir diversas fuentes y tipos de conocimiento. La innovación educativa debe reflejar una amplia gama de posibilidades en diversos contextos y lugares.

La UNESCO también pide un compromiso renovado con la colaboración global en apoyo de la educación como un bien común, que se base en una cooperación justa y equitativa entre actores estatales y no estatales en todos los niveles (local, nacional e internacional). Las instituciones mundiales deberían desempeñar un papel único en orientar nuestra atención hacia los desafíos a largo plazo. Los objetivos para el diálogo y la acción incluyen un llamado a todos los actores de la educación a trabajar juntos a nivel global y regional para generar propósitos compartidos y soluciones comunes a los desafíos educativos; Asegurar una cooperación internacional que opere bajo subvención, apoyando y desarrollando las capacidades locales, nacionales y regionales para abordar los desafíos. Además, se necesita un enfoque en la financiación del desarrollo internacional para los países de ingresos bajos y medianos bajos, así como inversiones comunes en ensayos, datos y conocimientos como eje transversal de una cooperación internacional eficaz.

La Comisión confía en cambiar de rumbo a través de millones de actos individuales y colectivos de valentía, liderazgo, resistencia, creatividad y protección. Además, serán de especial importancia los roles de docentes, universidades e instituciones de educación superior, gobiernos, organizaciones internacionales y de la sociedad civil, juventud, niños, investigadores, padres y líderes culturales y religiosos.

Sara Castillo

Enlace al informe en castellano: https://unesdoc.unesco.org/ark:/48223/pf0000379381_spa

UNESCO’S REPORT: Reimagining our future together:  A new social contract for education

UNESCO recently published a report, which accounted for over a million submissions in its global consultation process. In it, they call for a major transformation of the educational landscape that repairs past injustices and enhances the capacity to act together for a just and sustainable future. It hopes to start a global conversation to forge a new contract between all members of societies around the world. The UNESCO’s report “A new social contract for education” aims to recognize the progress and new challenges that the education landscape is concerned with in the process of shaping peaceful, just, and sustainable futures.

In 1945 with a population of 2.4 billion, 45% had attended school. In 2020 with a population of 8billion, 90% had attended primary, 85% lower secondary and 65% upper secondary. However, the world seems to be at a turning point in which there is widening social and economic inequality, climate change, biodiversity loss, resource use that exceeds planetary boundaries, democratic backsliding, disruptive technological automation, persistent poverty, rising inequality and violence are the hallmarks of our current historical juncture. Education expansion is incomplete and inequitable.

Other issues include exceeding planetary boundaries in terms of material production, consumption, and waste. Climate change can force displacements which can hinder access to education. Moreover, climate change is evidenced to increase gender inequality among the poorest. Additionally, the world’s most educated people are the most accelerating of climate change. For this reason, we need renewed and effective approaches to help students develop the capabilities to adapt and mitigate climate change. A focus on reducing the digital divide is also crucial in considering access to education.

Democratic backsliding and growing polarization are issues that need to be addressed. The breakdowns in civic discourse and growing infringements on the freedom of expression all have great consequences for education. Factors involved range from the rise of populist leaders and the growth of nativism manifesting as nationalism, to the power of social media with its capacity in real-time to disseminate intentionally misleading «fake news» and the manipulation of data. On a positive note, there is increasingly active citizenship mobilization that demands democratic rights and respect for the law which should filter through to future curricula.

To address the issues, the report invites the world to perceive education as a public and common good that needs based on a social contract that needs to be renewed. It hopes to unite around collective issues and provide the knowledge and innovation needed to provide social, economic, and environmental justice as it believes that the choices made today will determine the shared future. Pedagogy should be rooted in cooperation and solidarity, building the capacities of students and teachers to work together in trust to transform the world. Together, teachers and students need to form a community of knowledge-seekers and builders. Pedagogies of solidarity should recognize and redress the systematic exclusions and erasures imposed by racism, sexism, colonialism, and authoritarian regimes around the world. Basic principles are interconnectedness and interdependencies; cooperation and collaboration taught and practiced across levels and ages; solidarity, compassion, ethics, and empathy ingrained in the learning process; and assessment aligned with the aims in a meaningful way for students’ growth and learning

In the new social contract for education, curricula should grow out of the wealth of common knowledge and embrace ecological, intercultural, and interdisciplinary learning that helps students access and produce knowledge while building their capacity to critique and apply it. Curricula must enable re-learning how we are interconnected with a living, damaged planet. The capacity to live in harmony with what is needed for mutual existence can be learned through education. Learning how to empathize, cooperate, address prejudice and bias and navigate conflict are valuable in every society. The new social contract should aim at broadening literacies and creating plurilingual futures because linguistic diversity is a key feature of humanity’s shared knowledge. Moreover, we should enrich numeracy, learn from the humanities, build imagination through arts education, and cultivate scientific inquiry and understanding while applying those skills in the digital world. Curricula must foster capacities for discernment and the sincere investigation of truth that is complex and nuanced. Lastly, education should foster human rights, active citizenship, and democratic participation. The curricula of this new social contract should, therefore, enhance learner’s abilities to access and contribute to the knowledge commons; reorient the place of humans in the world towards solving the ecological crisis; counter the spread of misinformation through scientific, digital, and humanistic literacies; and foster human rights and democratic participation as key building blocks for learning that transform people and the world.

Teachers must be at the center and their profession revalued and reimagined as a collective endeavor to spark new knowledge to bring about educational and social transformation. Teaching demands compassion, competence, knowledge, and ethical resolve. The individual talents and abilities of teachers need to be bolstered by collaboration and support. There can be no reimagination of curricula without the presence of teachers. Teachers, however, remain under-recognized, underappreciated, underpaid, and inadequately supported. Teacher development is a rich and dynamic continuum of learning and experiences that are life-long. Principles should provide for effective collaboration and teamwork as characteristics of the work of teachers; production of knowledge, reflection, and research as integral to teaching; support for the autonomy and freedom of teachers; and enable the participation of teachers in public debate and dialogue on the futures of education

Schools should be protected educational sites because of the inclusion, equity, and individual and collective well-being they support – and reimagined to better promote the transformation of the world towards more just, equitable and sustainable futures. Schools have an irreplaceable role that involves being central components of larger educational ecosystems. They foster social relations, stimulate human interactions, dialogues, and exchange. However, some necessary transformations need to undergo so that they do not serve to entrench inequalities or widen disparities but are platforms for cooperation, care, and change.  For these reasons, the Commission emphasizes the need to protect schools as spaces where students encounter challenges and possibilities not available to them elsewhere; redesign schools guided by a building collective capacity, and model the future by ensuring human rights are accounted for and schools become exemplars of sustainability and carbon neutrality.

The new social contract for education should enjoy and expand enriching educational opportunities that take place throughout life and in different cultural and social spaces. In doing so, states have a key responsibility for ensuring that educational systems are adequately and equitably financed. Decisions about digital technologies should be made in the public sphere and guided by the common good. The best strategy to do so is to ensure democratization of the cyberspace within a robust public sphere. Additionally, education should support the right to participate in cultural life by providing access to cultural resources that shape identities and expand worldviews. The principles to keep in mind include meaningful and quality educational opportunities at all times of life; healthy educational ecosystems that connect natural, build and virtual sites of learning; ensuring government capacity for the public financing and regulation of education; and broadening the right to education to include aspects such as to the information, culture, and science.

To catalyze a new social contract for education, the Commission calls for a worldwide, collaborative research agenda grounded in the right to education throughout life, and welcoming contributions from grassroots associations, educators, institutions, sectors, and a diversity of cultures. Research and innovation must strengthen the capacities of foresight and future literacy.  The Commission calls for a generalized, worldwide, collective research agenda on the futures of education. The knowledge, data, and evidence that is produced for the future of education must be inclusive of diverse sources and types of knowledge. Educational innovation must reflect a wide range of possibilities across diverse contexts and places.

The Commission also calls for a renewed commitment to global collaboration in support of education as a common good, premised on more just and equitable cooperation among state and non-state actors at all levels (local, national and international). Global institutions should play a unique role in orienting our attention to longer-term challenges. Principles for dialogue and action include a call on all educational stakeholders to work together at global and regional levels to generate shared purposes and common solutions to educational challenges; ensure international cooperation that operates from a principle of subsidiarity, supporting and building capacity in local, national, and regional efforts to address challenges. Moreover, a focus on international development financing for low and lower-middle-income countries is needed, as well as common investments in evidence, data, and knowledge as an essential part of effective international cooperation.

The Commission believes that we will change course through millions of individual and collective acts of courage leadership, resistance, creativity, and care that gives special importance to the roles of teachers, universities and higher education institutions, governments, international and civil society organizations, youth, children, researchers, parents, cultural and religious leaders.

Sara Castillo

Link to the report: https://unesdoc.unesco.org/ark:/48223/pf0000379707

Mon expérience au Conseil des Droits de l’Homme

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La 40ème session du Conseil des Droits de l’Homme s’est achevée vendredi dernier. Durant quatre semaines, le haut-commissaire, les organisations onusiennes, les ministres et délégués de tous les pays et des membres de la société civile n’ont cessé de se rassembler afin de se pencher ensemble sur les droits humains, notamment sur la situation de ceux-ci dans le monde.

Pendant un mois je me suis alors rendue tous les jours au Palais afin de me consacrer à l’écoute de certains sujets. L’éducation est un domaine recouvrant et recouvert par beaucoup d’autres. Décider de la pertinence d’un side-event pour l’OIDEL n’est alors pas compliqué. En fait, tous étaient intéressants. La variété des conférences est incroyablement large. J’ai assisté à une multitude de discussions très enrichissantes qui m’ont apporté grand nombre de nouvelles connaissances, tant sur le monde que sur le fonctionnement des instances de droits humains.

Le 4 mars a eu lieu le débat annuel sur les droits de l’enfant. « Autonomiser les enfants handicapés aux fins de la réalisation de leurs droits humains par l’éducation inclusive » a été le thème de la journée. Les personnes en situation de handicap ont d’ailleurs été le sujet de discussion pendant plusieurs jours consécutifs. Depuis une semaine je voyais défiler ministres et ambassadeurs dans tous les coins des Nations Unies. Et puis l’attention a été portée sur moi. En tant que stagiaire chez OIDEL, consultant de l’ONU, j’ai pris la parole pour affirmer le soutien de l’ONG pour l’éducation inclusive, basée sur une approche culturelle. La déclaration orale a aussi souligné le rôle potentiel qu’a l’éducation d’inculquer les valeurs prônées par les droits humains. Je me suis rendu compte de l’ampleur de l’auditoire qu’une fois que j’attendais que la parole me soit donnée. Je ressentais un peu de stress, mais la présence de ma chère collègue me réconfortait. Quand le moment est arrivé, toutes mes pensées se sont envolées et je me suis tout simplement lancée dans la lecture. Je ne réfléchissais plus, complètement prise par ce que j’avais à dire. Cette expérience a été unique et inoubliable. On m’a fait confiance et je l’ai moi-même ressentie. Je suis ravie d’avoir représenté l’OIDEL devant l’instance la plus importante des droits de l’homme.

Claudia Silva

 

L’éducation aux droits de l’homme : Socle pour une société démocratique

Le 25 septembre 2018, lors de la 39ème session du Conseil des droits de l’homme, s’est tenu un événement parallèle particulièrement intéressant abordant le thème de la jeunesse et de l’éducation aux droits de l’homme, organisé par la Mission Permanente du Maroc.

La thématique de l’éducation aux droits de l’homme est fondamentale et fait partie d’un des piliers des droits de l’homme. En effet, comme l’a souligné M. Omar Zniber, Ambassadeur de la Mission Permanente du Royaume du Maroc, lors de son discours d’ouverture, cette éducation permet de créer un socle pour une société démocratique, plurielle et pacifique. Elle permet notamment une émancipation et une autonomisation des jeunes dans la société, et conduit à une égalité hommes-femmes. Afin de parvenir à un tel résultat, il est nécessaire d’axer l’éducation sur le partage des valeurs, la tolérance et encourager la justice sociale.

L’école joue un rôle majeur dans l’éducation aux droits de l’homme. De ce fait, M. Omar Zniber souligne la primordialité d’analyser le contenu des manuels scolaires, afin de vérifier s’ils sont conformes aux principes d’une telle éducation, et s’ils comportent des éléments dédiés à cette thématique. En effet, à titre d’exemple, les stéréotypes de genre présents dans de nombreux manuels scolaires peuvent influencer la vision des enfants, et ainsi renforcer les inégalités de genre.

De plus, outre un matériel adéquat, il est également nécessaire outiller les personnes intervenant auprès des enfants en développant des formations pour les enseignants. En effet, il est troublant d’observer que de nos jours, dans les formations à l’éducation et à l’enseignement, notamment en Suisse, nombreuses sont celles qui n’abordent que très peu, voire pas du tout cette thématique. Former les enseignants à cette éducation permettrait par conséquent de préparer l’avenir dans le cadre d’une société équilibrée sur des principes fondamentaux.

Toutefois, Hind Idrissi Ayoubi, Membre du Comité pour les droits de l’enfant, met en exergue le fait que l’éducation aux droits de l’homme ne se fait pas uniquement dans le contexte scolaire. « Il s’agit d’une culture qui fait partie de notre quotidien, de nos choix ». En effet, l’éducation aux droits de l’homme nécessite une approche globale ne se focalisant pas uniquement sur l’école. Celle-ci doit également se faire au travers d’interactions notamment avec la famille et les pairs. En outre, il est essentiel de prendre en compte le contexte afin d’éduquer les enfants et les jeunes aux droit de l’homme en fonction de leur société. En effet, selon Elena Ippoliti, Membre de la section méthodologie, éducation et formation du Haut-Commissariat des Nations Unies aux droits de l’homme, l’éducation aux droits de l’homme doit être menée par le biais d’activités cohérentes liées à la vie quotidienne de l’enfant et du jeune. En effet, Marie Wernham, Consultante en éducation des droits de l’enfant à l’UNICEF, souligne que cette éducation doit faire en sorte que tous, dans tous les domaines de vie, soient informés de leurs droits et les comprennent de manière approfondie. La Convention relative aux droit de l’enfant est par conséquent l’instrument de base de cette thématique.

Enfin, l’éducation aux droits de l’homme est fondamentale pour les enfants et les jeunes d’aujourd’hui. En effet, celle-ci permet de préparer l’avenir en leur donnant les outils pour bâtir des sociétés justes, pacifiques et résilientes.

 

Julie Mendola

Interactive dialogue with the Special Rapporteur on Indigenous Peoples – OIDEL OS:

Last Wednesday, 19 of September OIDEL participated in the Interactive dialogue with the Special Rapporteur on Indigenous Peoples. You can find the report of the special report in the following link. Here you have the oral declaration of OIDEL to recall the importance of education as a cultural right to guarantee the rights of indigenous people.

«Thank you, Mr. vice-president,

First of all, we want to thank and support the special rapporteur Ms. Victoria Tauli-Corpuz for her report. OIDEL considers that this compilation of complaints and violations against human rights is necessary to start improving the situation of indigenous peoples.

One right we miss among the human rights violations compilation against indigenous peoples is the right to education. Article 5 of the Universal Declaration on Cultural Diversity says, “All persons are entitled to quality education and training that fully respect their cultural identity ». Inclusion in education is a matter of quality and respect of identities, and thus inclusion of all members of the political community, including all the identities such as national minorities or indigenous peoples.

Emmanuel Kant said that “Man can become Man only through education”. Indeed, when we talk about education, we are in the field of the right of “Being”, in the field of identity, and not only in the field of the right “to possess” cultural rights. That is why Faure (1972) and Delors (1996) insist on education as “learning to be”.

Article 14 of the Declaration of Indigenous peoples states that “Indigenous peoples have the right to establish and control their educational systems and institutions providing education in their own languages, in a manner appropriate to their cultural methods of teaching and learning”. The holistic vision of the right to education is essential for indigenous peoples as it guarantees their right “to be” and the right “to be” of their children. I am afraid that many violations against the right of indigenous peoples to establish and control their educational institutions are taking place. This right is essential in order to guarantee that their culture, traditions and language are respected and learned. I would like to ask the special rapporteur to take into consideration this dimension and maybe consider it for the next report.»

 

Ignasi Grau

Informes de la relatora especial para el derecho a la educación, Koumbou Boly Barry: gobernanza y educación

Durante la 38° sesión del Consejo de Derechos Humanos en Ginebra, la Sra. Boly Barry, presentó su informe temático sobre buena gobernanza y el derecho a la educación, y su informe sobre su visita a Costa de Marfil[1]. Respecto al primero, la relatora se enfocó en los mecanismos de gobernanza que hacen posible el derecho a la educación, como los procedimientos burocráticos, el fortalecimiento y correcto funcionamiento de las instituciones, y los procesos legales para la protección de derechos, entre otros.

La Sra. Barry, enfatizó la importancia de adoptar un enfoque basado en los Derechos Humanos y que establezca objetivos durables. Indicó la relevancia de construir políticas públicas basadas en las cuatro “A’s” (por sus siglas en inglés) del derecho a la educación (accesibilidad, adaptabilidad, disponibilidad y aceptabilidad)[2]. Subrayó la conexión que existe entre los mecanismos de rendición de cuentas y un enfoque de Derechos Humanos, con el fin de que la maquinaria estatal cumpla con sus obligaciones internacionales. Asimismo, explicó la relevancia de promover la participación, la transparencia y espacios de diálogo para discutir los problemas que conciernen la educación. Para ello, la relatora sostuvo que se debe compartir toda la información pertinente y crear una política nacional educativa que sea revisada anualmente, para lo cual las autoridades tienen la responsabilidad de conocer las necesidades, problemas y propuestas de todas las comunidades. El objetivo de las reformas, debe ser evaluar la calidad de la prestación de servicios y medir si se está combatiendo la corrupción y si se responde a las necesidades de los estudiantes, o si el sistema requiere ser adaptado conforme a las mismas.

En lo que respecta a su visita a Costa de Marfil, la relatora sugirió mejorar el financiamiento de la educación, el sistema preescolar y la educación informal para adultos. Por otro lado, celebró los esfuerzos de Costa de Marfil para dedicar más recursos a esta área.

En el diálogo interactivo, intervinieron diversas delegaciones, refrendando sus compromisos en materia educativa; entre ellas, Togo (en nombre del grupo africano), Pakistán, la Santa Sede, Las Maldivas, Australia, y China. Respondiendo a algunas preguntas planteadas por la Unión Europea y Francia, la relatora dijo que los actores locales son los agentes clave en este tema, ya que son los más adecuados para medir la efectividad de las medidas adoptadas. De la misma manera, señaló la importancia de la descentralización de la gobernanza y de los recursos económicos. Concluyó mencionando la necesidad de incluir a todos los sectores en este diálogo: el privado, público y a la sociedad civil, debido a que todas las personas concernidas deben ser escuchadas.

Gabriela García

Os adjuntamos la declaración oral que OIDEL hizo en este debate:

Thank you, Mr. President,

We really appreciate the report of the Special Rapporteur on the Right to Education. OIDEL also acknowledges a proper governance on the right to education as an essential cornerstone for the real implementation of the right to education.

Firstly, we would like to thank the special rapporteur to conceive the full issue of governance from a rights-based approach. Although governance is required to be efficient and effective these cannot be the only two criteria for a good governance of education. Education is a human right and that implies inclusion, non-discrimination and concrete obligations for the state.  This perspective that comes from the international instruments can enable a right to education that directs citizens “to the full development of the human personality and to strengthening of respect for human rights and fundamental freedoms”.

Secondly, we appreciate that the special rapporteur links the good governance with the success of the Agenda 2030. The SDG 4 implies a human rights-based governance from the part of the states that covers all the areas concerning the right to education. On this regard access to information, transparency, participation, accountability, monitoring and justiciability play an essential role.

Finally, we would like to make a little remark. Freedom of education is an essential part of the right to education. The rights of parents of choose the education they want for their children is recognized in the article 26.3 of the Universal Declaration of Human Rights and 13.3 and 13.4 of the International Covenant on Economic, Social and Cultural Rights. Good governance from a human rights perspective should take into consideration this dimension of the right to education. There is not much said on this regard about this topic in the report and we would like to hear what good governance implies on this regard according to the special rapporteur?

Thank you Mr. President,

[1] Ambos informes pueden ser consultados en la siguiente página web: https://www.ohchr.org/EN/HRBodies/HRC/RegularSessions/Session38/Pages/ListReports.aspx.

[2] Para mayores detalles, se puede consultar el Comentario General No. 13 del Comité de Derechos Económicos, Sociales y Culturales: http://www.right-to-education.org/sites/right-to-education.org/files/resource-attachments/ONU_Observaci%C3%B3n_General_13_Derecho_Educaci%C3%B3n_es.pdf.